Y es que, como sentencia Obelix al ver a los griegos llorar por una carrera:
Mientras tanto, los deportistas rivales (espartanos, egipcios, romanos) se preparan con métodos ridículos: masajes con aceite de ballena, dietas de ajo y, sobre todo, la infinita arrogancia de los anfitriones. Goscinny se burla del amateurismo aristocrático: los atletas griegos son "caballeros" que compiten por el honor, pero que en cuanto pierden, culpan a los árbitros o a la mala suerte. asterix y obelix en los juegos olimpicos
Obelix, que de niño se cayó en el caldero de poción y es permanentemente invencible, representa la ironía suprema. Para él, la prohibición no tiene sentido porque es literalmente un accidente de nacimiento. La película explota este gag con delirante maestría: Obelix lanza el disco más allá del horizonte, parte el récord de salto de longitud sin despegar los pies y parte la pista de carreras con la simple fuerza de su respiración. Lo que hace extraordinaria esta historia es su mirada cínica al "espíritu olímpico". Los griegos, que en la realidad idealizaban el kalós kagathós (la belleza y la bondad), aquí son retratados como burócratas y vendedores de souvenirs. El juez principal, el "Helenoarca", es un pedante que prefiere las reglas al sentido común. Y es que, como sentencia Obelix al ver