Huele A Gas Obra Completa Para: Imprimir Gratis

Eran las tres de la madrugada cuando Marta despertó con un olor extraño. No era a comida quemada ni a humedad. Era ese olor punzante, químico, que el abuelo Pedro describía como "olor a muerte disfrazada de verduras podridas".

Marta sintió el corazón en la garganta. Alguien había estado dentro de su casa. Alguien quería que despertaran intoxicados, pero no muertos. ¿Una advertencia? ¿Un juego?

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Ella abrió la puerta del garaje y el aroma la golpeó como un puño. Allí, en la penumbra, vio la manguera de gas desconectada del calefón, silbando apenas. Y junto a ella, un papel pegado con cinta:

Apagó la llave de paso general con mano temblorosa, abrió todas las puertas y ventanas, y arrastró a Luis al jardín. Mientras el aire fresco le llenaba los pulmones, supo que el gas no era lo único que olía mal en su vida. Eran las tres de la madrugada cuando Marta

—No, estúpida. Duerme.

—Huele a gas —susurró, incorporándose de golpe. Marta sintió el corazón en la garganta

—¿Encendiste el auto adentro? —preguntó a Luis, sacudiéndolo.