—Somos... intrusos —dijo Leo, con la honestidad de quien no sabe mentir. Intrusos en el castillo
Sin embargo, una noche de luna llena, dos figuras pequeñas y ágiles cruzaron el foso seco y se colaron por una grieta en el muro occidental. El conde soltó una carcajada seca
Llevó a los niños a la torre del reloj. En lugar de un cofre, encontraron un viejo baúl lleno de planos, cartas y una libreta con el título: Proyecto Nuevo Hospital de Vallefrío . Sin embargo, una noche de luna llena, dos
—¿Y si lo abrimos de nuevo? —propuso Leo—. Usted tiene dinero, nosotros tenemos manos y ganas. Podríamos...
—El libro de la biblioteca decía: "Donde el reloj da trece campanadas, el corazón del conde duerme en un cofre de ébano" —respondió Sofía, revisando un mapa amarillento. Era su plan: robar el legendario Corazón de Ébano, una joya que, según los rumores, concedía un deseo a quien la poseyera. Ellos querían salvar el pequeño hospital de Vallefrío, que iban a cerrar por falta de dinero.
El conde Humberto ya no vivía solo. Ayudaba a organizar los libros de cuentas, y cada noche, antes de dormir, miraba la colina y sonreía. Al fin, los intrusos se habían quedado. Y el castillo, por primera vez en décadas, ya no era una prisión, sino un hogar.
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