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MacArthur clasifica los atributos de Dios en dos categorías: comunicables e incomunicables. Los atributos comunicables son aquellos que Dios comparte con los seres humanos, como la santidad, la justicia y el amor. Estos atributos se reflejan en la naturaleza humana, aunque de manera imperfecta. Por otro lado, los atributos incomunicables son aquellos que son exclusivos de Dios y no se encuentran en los seres humanos, como la omnipotencia, la omnisciencia y la omnipresencia.

La santidad de Dios se refiere a su separación de todo lo que es pecaminoso y su dedicación a la justicia y la moralidad. MacArthur destaca que la santidad de Dios es la base de su relación con los seres humanos y que es el fundamento de nuestra santificación (MacArthur, 2006, p. 111).