También aprendí que ser padre no es solo proteger. Es soltar la mano en el momento justo, para que ella decida hacia dónde girar en la siguiente cuadra. Es verla pagar su propia cuenta, aunque duela un poco el orgullo. Es reírnos de lo mismo, de esas bromas internas que nadie más entiende.
Así que si tú también tienes una hija o un hijo, hazlo. Invítale a salir. No necesitas un plan perfecto ni un presupuesto enorme. Solo necesitas presencia real, curiosidad genuina y ganas de decir: "Hoy, el mundo puede esperar. Vamos tú y yo."
Si hay algo que estas salidas me han enseñado, es que los hijos crecen, sí. Pero el vínculo, si lo cuidas, crece con ellos.
Ahora es diferente.